domingo, 24 de enero de 2010

Crónica anunciada ( Una Llamada Inesperada)

Una crónica anunciada

La nota que expongo abajo, la he rescatado de un foro, encontrada de casualidad, buscando otras noticias, y no he podido evitar soltar lágrimas de sentimiento, sentimiento y amargura, de todo lo que acontece en mi hermandad, no dejaremos de llorar, y cuantas lágrimas más, se soltaran de aquí al próximo Martes Santo. Una crónica anunciada.

UNA LLAMADA INESPERADA
Enero 21st, 2007
ENSAYO

Suena la llamada del Martillo, pero este vez no es esa voz que hace un par de años atrás hacía que se me estremeciera el cuerpo, incluso viéndolo desde fuera. El año pasado lo viví en mis propias carnes, y este año, no lo viviré.

Este año llamará una persona que no vive mi hermandad, que no asiste a los cultos, que no ama a mis imágenes, una voz que no me llena por dentro, esa voz desconocida.

Este año, de nuevo comenzaré mis ensayos, pero todo será diferente: ya no me palpará el cuello un hermano, sino un desconocido; ya no me pondré nervioso en la Igualá, porque este año no me mirarán mis hermanos capataces pícaramente.

En la primera levantá no me temblarán las piernas, porque no será mi hermano quien toque el Martillo.

Fatídicamente, una persona los echó sin tener verdaderas explicaciones. Los pasos se mecían con sencillez, andaban bien y como nos gusta, le pese a quien le pese, pero ciertas personas que no conocen la hermandad han destrozado 33 años de Historia de la Cuadrilla de Hermanos Costaleros y Capataces, y eso es algo que me corroe por dentro, muy en el fondo, es muy doloroso.

Duele porque he vivido todos los ensayos desde que tengo uso de razón, y este año será totalmente diferente. Pero mis capataces siempre serán los mismos, no han cambiado ni cambiarán, pero este año no les escucharé susurrar sus palabras.

¿Y cómo olvidar a sus auxiliares? Pero de todos ellos yo me quedo con uno, con aquella persona que en un ensayo, en el que nos empezó a llover, tenía puesto su gorrito y nos decía: vosotros reíd, pero os estáis mojando y yo tengo la cabeza seca. ¡Qué gran persona eres!, yo me quedo con todos, y sobre todo, con “el Mona”, esa gran persona que cada vez que hacía su relevo en un ensayo me preguntaba cómo me iba. Ellos no podían estar fuera de estas líneas.

Lo tengo ya todo preparado para cuando decidan hacer los ensayos estar allí, en primera fila, junto con mi amigo y compañero de palo Fernandito, o bebiendo un coca-cola o una cervecita con Angelito Casado, J. Antonio Parrales o con Tony; pero seguramente cuando hablemos de nuestros capataces, tan sólo los elogios se lo llevarán los que son los nuestros de verdad; nuestros capataces; o cuando me vaya a fajar “el Canijo” y empecemos a contar nuestras anécdotas del Martes Santo, de aquel Martes Santo Glorioso que por primera vez nuestras zapatillas rachearon Sevilla.

Este año, más que nunca, tenía ganas de coger el costal, la faja, la morcilla y las zapatillas; pero poco a poco tengo menos ilusión, porque mis capataces no me hablarán al mando de mi Señora.

Aquellos chavales que se hicieron mayores, que empezaron sacando la Cruz de Mayo y que por fin han llegado a ser Costaleros, no sentirán lo mismo, porque esta vez todo será diferente. Ya no hay Cuadrilla de Hermanos Costaleros y Capataces.

Los chavales que empezaron sacando con 12 ó 13 años la Cruz de Mayo, y que ahora tienen 19 ó 20 años y que están debajo de sus Titulares, no podrán decir que este año vienen con la misma ilusión que el pasado, porque sus queridos capataces no tocarán el Llamador.

Algunos dirán que el cambio de capataces era normal, que el Palio iba de balcón a balcón, pero yo siempre responderé que ellos son mis hermanos y que si este año no se lució tan bien, el año que viene se lucirá mejor, y que si vamos de balcón a balcón, yo quiero ir debajo, porque la culpa es más nuestra que de ellos. Y a quien no le guste cómo vamos, que se vaya a ver la Hermandad de la Bofetá.

Y la gente que dice que es muy feo el “costero a costero” del Palio, que se vaya a ver la Macarena (que por cierto, también lo hace, pero como es la Macarena, ¿quién le va a protestar?). Haber si la gente se entera de que esto es San Esteban, que no es otra hermandad, y que aquí hay unas tradiciones que no se van a romper nunca.

Este año sonará el Martillo, y llamarán a Isra o a Juanra, pero esa voz ha cambiado. Ya no será lo mismo que en tiempos de antaño, no le daremos ese paseo que le dimos a Nuestra Señora o a Nuestro Padre, porque todo ha terminado, este señor nos arrebató lo que más apreciamos los Hermanos Costaleros.

También he escuchado por ahí que lo que nos ocurre es que tenemos miedo, porque ocupábamos ciertos lugares debajo del paso. Y lo que yo les digo a todos aquellos que piensan de la misma forma, es que yo ocupaba el lugar de corriente, el más nuevo, y quiero a mis Capataces. A esos que cuando yo tenía 8 ó 9 años me subían encima del paso para que los costaleros se acostumbraran a los kilos, y esos kilos los llevo yo ahora sobre mis hombros… Santos kilos, los que en un futuro próximo se convertirán en la gloria de cada uno de nosotros acompañando a Nuestra Señora el próximo Martes Santo. Otro más, pero para mí siempre serán fechas que estarán remarcadas en todos los calendarios de mi vida. Martes Santo repleto del la dulzura enternecedora de mis hermanos, de la Salud y Buen Viaje de mi Padre, y del Desamparo de mi Madre.

Mis palabras son el llanto de un humilde hermano insatisfecho; de un costalero angustiado en su porvenir.

Un Hermano Costalero.

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